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Dentro de las olas con Gonzo.

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Articulo originalmente publicado en mundo Q de Discovery Latinoamerica en Mayo 2013

Contrario a lo que el instinto dicta debes hundirte y nadarle por debajo a una ola cuando se te viene encima como una locomotora de agua y espuma. “Te llenas los pulmones de aire y le nadas por debajo a las olas” me instruye Manuel “Gonzo” González mientras nos ponemos las chapaletas en la orilla de la playa. También me recomienda que tenga precaución cuando me sumerja porque en el fondo de esta playa hay un arrecife y el coral puede cortar la piel como un cuchillo la mantequilla.

Aunque crecí en estas aguas Gonzo me da la advertencia como para recordarme que ésta no es cualquier playa. Estamos en Hallows una playa en la costa norte de Puerto Rico donde el oleaje del Océano Atlántico azota directamente la isla. En esta época del año no es una playa plácida donde te remojas el trasero mientras flotas con la cervecita en la mano. Los oleajes que aquí llegan son ondas de energía de varios metros generadas por las grandes tormentas de invierno del Ártico. La energía desatada por estas tormentas se riega hacia el sur del hemisferio recorriendo el Atlántico y llega ininterrumpida en forma de oleaje a estas costas del Caribe. Puerto Rico se convierte todos los años en una ‘Meca’ para los surfers.

Son apenas las 7 de la mañana. Me tocó madrugar pero por lo menos el día está soleado y el cielo azul. El agua está fría y cristalina, reflejando tonos de verde. En el pico, el área justo detrás de donde rompen las olas, ya hay por lo menos una docena de surfers esparcidos y sentados en sus tablas como si fueran caballos. Desde ahí todos observan el horizonte analizando el oleaje que se aproxima. Batallan el viento y las corrientes marinas para mantenerse en posición. Una vez seleccionan una ola comienzan a remar para tratar de generar velocidad y poder llegar al punto preciso donde interceptar la ola con sus tablas y poder correr esos últimos momentos de energía oceánica antes de que se disuelva en una explosión de agua, espuma y aire contra el arrecife.

Pero hay una pequeña diferencia, Gonzo y yo no tenemos tablas ni bodyboards. Sólo estamos armados con un par de chapaletas cada uno y su cámara sumergible porque no vinimos a surfear. Además de ser fotoperiodista para los periódicos principales de Puerto Rico, Gonzo fotografía el surf de la isla. Estoy aquí con él porque quiero aprender y experimentar como logra tomar sus increíbles fotos desde dentro de las olas. Por eso me escolta también Luz Marie “Loly” Grande, una de las mejores bodyboarders profesionales del mundo. Loly es campeona de varios eventos internacionales, entre ellos Pipeline de Hawaii el más codiciado por los surfers profesionales. Así que estoy en buenas manos.

Con la supervisión de Loly y las instrucciones de Gonzo nadamos mar adentro. Ola tras ola retrasan mi progreso, como si el mar estuviera intentando impedir la entrada. Es humanamente imposible lograrlo si no se esquivan las olas nadándole por debajo, con tabla, bodyboard y todo. La fuerza del mar se siente rompiendo en nuestras espaldas y empujándonos hacia el fondo. El set de olas parece interminable. Avalanchas de agua en secuencia, una tras otra. Aguantamos la respiración y nadamos bajo las olas, una y otra vez. El mar pone a prueba a todo el que intenta desafiarlo.

Con los pulmones, piernas y brazos a fuego llego al pico un poco después que mis compañeros. Acá en lo profundo la marea es apacible. Intento recuperar el aire mientras floto en el sube y baja de las olas que ahora nos pasan por debajo. Loly se despide y va encontrarse con sus olas después de asegurarse que sobreviví. Gonzo comienza a hablar del surfing como metáfora de la vida. Compara la vida con el mar y las olas representan las dificultades. Hablamos del surfing como meditación donde él obtiene balance y paz, donde ha aprendido a sobrevivir y sacar las fuerzas para enfrentar los retos de su vida. Es obvio que él está en su elemento, aunque dice que se considera un espectador y un visitante en el mar, se ve tranquilo y me está contagiando con su repentina espiritualidad.

Mientras flotamos tras las olas me confiesa que la empresa periodística para quien trabaja (GFR Media Group) le dio la oportunidad de su vida. Rodearse de fotoperiodistas profesionales en un ambiente de creatividad le dio las herramientas para continuar la progresión natural y lógica combinando su experiencia profesional con el surf. Me muestra su cámara, con la que ha ganado varios honores periodísticos, y me explica como funciona con la cubierta amarilla que la protege del mar y me enfatiza lo importantísimo que es prevenir las gotitas en la portilla del lente para que las fotos salgan bien. ¿Prevenir gotas de agua en el lente? Pienso yo. “Loco, no se si te haz dado cuenta pero estamos en medio del mar y le vamos a tomar fotos al interior de las olas, eso es imposible” le contesto sarcásticamente. Con su mohawk aplastado por el agua y sus ojos azules me mira seriamente y me dice; “todo en la vida es posible, bro”. Del bolsillo de su traje de baño saca un tubo como de pasta de dientes y le aplica al cristal de la portilla una cera que repele el agua y hace que se escurra del lente. Todo es posible, repito yo el mantra en mi mente.

Luego de completar la aplicación Gonzo empieza a buscar una mejor posición en el agua. Lo persigo chapaleteando atento de no meterme en el trayecto de los surfers que nos rodean y se tiran ola abajo como si fueran chorreras. Pero no estamos aquí hoy para tomarle fotos a los surfers. Hoy venimos a documentar el sujeto preferido de Gonzo. Los vórtices.

El diccionario define un vórtice como una masa giratoria de fluido o aire; el centro de un torbellino; remolino o ciclón. Gonzo intenta capturar con su cámara el vórtice de las olas, ese centro giratorio que propulsa a una ola a desprender toda la energía que lleva acarreando a través del océano. Gonzo busca ese centro con su color particular, único de cada ola dependiendo de la playa, la arena, la turbidez del agua, la luz del sol y el oleaje. El vórtice succiona estos elementos del mar y los combina en un instante dinámico y brillante. “Es como encontrar el alma de la ola” me dice.

Pero esa alma no se encuentra fácilmente. Hay que anticipar ese punto donde la ola se comienza a colapsar bajo su propio peso. Si nos ubicamos muy adelante la ola nos rompe encima y es posible que nos arrastre hasta el arrecife. Si nos ubicamos muy atrás no seremos capaces de alcanzarla. Una vez en ese punto sólo tiene un instante en el que puede capturar la imagen de esa dinámica transformación sin ser succionado por el vórtice. Gonzo puede sentir el momento preciso en el que tomar las fotos y salirse del torbellino para no terminar rompiendo contra el arrecife como parte de la ola.

El resultado de esa búsqueda se puede apreciar en su asombrante fotografía. Los surfers son nómadas por naturaleza y su íntima relación con las olas alrededor del mundo es palpable en sus fotos. Sus imágenes capturan ese micro segundo, ese instante donde todos los elementos parecen alinearse perfectamente. El mar produce una escultura de fluido y luz y él tiene la habilidad de plasmarla en la memoria digital de su cámara. Estas obras de arte son un reflejo de su estilo de vida. Hay que admirar a Gonzo por su dedicación y amor a su arte. Es un individuo que siempre ha seguido su sueño de una vida cerca del océano y lo que ha encontrado dentro de esas olas es a si mismo.

Para más fotos e información y cómo adquirir las imágenes pueden seguir a Gonzo en:
www. gonzOlenz.com

facebook en: https://www.facebook.com/gonzalez.manuel.5?fref=ts

Sus exitosas imágenes también pueden ser apreciadas en exhibiciones de arte individuales y colectivas a través de la isla.

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