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Playa Brava; 17 años después

Originalmente publicada en En Culebra Magazine en ingles y español en 2014. http://www.enculebra.com/brava.html

Dejamos el carro donde termina el pavimento y comenzamos a adentrarnos en la vegetación. La vereda atraviesa un crecido bosque y sigue los surcos que deja el agua en su descenso a la playa después de una lluvia. Ya no queda mucho del camino que yo recuerdo. Hace diecisiete años esto era un camino pedregoso por donde cabía un vehículo y llegaba casi a la playa. Ya no es así. Todos los años de crecimiento de la vegetación han casi cerrado nuestro paso a la playa.  Mas adelante atravesamos unos túneles de espesa vegetación adornados con cortinas de lianas verdes y raíces aéreas rojas. La frondosidad del bosque nos protege del sol pero no del calor y la humedad.

Anteriormente una local me había descrito a Brava como una playa exigente cuando le mencioné hacia donde me dirigía. ¿Pues sabes qué? Ni siquiera he llegado, ni la he visto, y ya siento que Brava me ha requerido un tremendo esfuerzo, como lo hizo aquella vez. Estoy loco por llegar y nada me va a detener, ni las avispas con las que nos topamos en el camino.

El reto cuando uno vista Culebra es tratar de decidir a cual de todas las playas fantásticas ir. Para ser una isla tan pequeña, las playas de Culebra vienen con una gran variedad de características y particularidades. Pero estoy decidido a visitar Playa Brava esta vez. Brava es una playa aislada en la costa silvestre del norte de la isla. La última  vez que visité Brava fue hace diecisiete años para acampar y surfear con unos amigos y aunque visito Culebra frecuentemente, inexplicablemente, no había vuelto. Por alguna u otra razón siempre termino flotando en otra de las hermosas playas de la islita. Pero las imágenes de Brava siempre me vienen a la mente aunque haya pasado tanto tiempo.

Brava quizás obtuvo su nombre por sus corrientes y mareas temperamentales.  Protegida entre colinas silvestres y tierras protegidas Brava esta desconectada del circuito turístico de playas. Esto permite a sus visitantes amenazados, como las tortugas marinas que anidan ahí, una oportunidad de estar alejados y aislados de todo.

Después de como una hora de estar bajando por el monte llegamos al llano detrás de las dunas. Hay una laguna que se ha formado exactamente donde había acampado que ha dado vida a un lindo bosque de mangles. El agua de lluvia que baja por el monte se ha acumulado aquí y se ha mezclado con agua del mar que se adentra a veces durante las tormentas y ha formado esta laguna. La materia orgánica del bosque le da al agua una color marrón rojizo y me sorprende ver peces en la laguna. Este hábitat de aguas llanas y tranquilas con buena cubierta de árboles es ideal para ciertas especies de aves zancudas, y me alegra ver que está lleno de vida.

Desde el interior de los mangles ya se puede oler el aire salado y escuchar el estruendo del oleaje, guiándonos. El trueno de las olas lleva un ritmo relajado pero una gran intensidad cuando revientan. Seguimos ese sonido instintivamente y caminando por la orilla de la laguna nos dirigimos hacia las olas.

La vereda nos lleva hasta la punta este de Brava donde la playa se encuentra contra los peñones donde termina el monte. Tonos de intensos azules y verdes se esparcen frente a nosotros. La escena es una representación perfecta de lo que uno se imagina cuando piensa en una playa tropical desierta donde la espuma de las olas se mezcla con la arena bajo un cielo azul con nubes blancas y un fondo de colinas verdes. Una postal perfecta. Me siento bajo la misma palma que sigue aquí en esta esquina después de todos estos años. Desde aquí puedo ver completamente a Brava curveando perfecta hacia la derecha y siendo embestida por las olas que le dan su forma. No hay nadie más. Me alegro haber traído tanta agua y algo de comer por que me voy a quedar aquí un buen rato. Por fin, después de diecisiete años estoy aquí de nuevo. No debí haber esperado tanto tiempo. A flotar en Brava otra vez, como las tortugas.

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